En el siglo XVII la prensa europea comenzó a reportar extraños hechos íntimamente relacionados con los vampiros.
El periódico Mercure Galant de París, informó en mayo de 1663 que en Polonia y Rusia había cadáveres que estaban llenos de sangre, la cual les escurría por la nariz, boca y oídos. Este misterio se lo adjudicaban a los demonios que salían de esos cuerpos para atacar a personas y animales. La manera de acabarlos —decía el diario— era cortándoles la cabeza y destruyendo su corazón. Las personas que ya habían sido víctimas de estos monstruos y que estaban condenadas a la muerte, debían comer pan hecho con la sangre de estos seres.
En 1725, en Hungría, se registraron cerca de un cementerio —donde fue enterrada una persona de apellido Huebner— extrañas muertes de animales y personas; las víctimas quedaban destrozadas, asumiendo que el criminal era un ser con mucha fuerza. El único que concordaba con esta descripción era Huebner que en vida se caracterizó por ser un hombre alto y fuerte.
Como los ataques siguieron, el comisionado dio la orden de exhumar el cadáver, descubriendo que a pesar de tener dos años de muerto, Huebner seguía intacto, sin señal de descomposición. Le clavaron una estaca en el corazón y quemaron el cuerpo. De esta manera los crímenes cesaron.
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